La fascinante vida de la princesa Fawzia de Egipto, la emperatriz de Persia que parecía una estrella de Hollywood y quería vivir como tal

Fue un matrimonio principesco, pero no se puede decir que de cuento. La princesaFawzia de Egipto estaba destinada a un trono real y fue la política de alianzas de su hermano, el rey Farouk de Egipto, la que eligió qué corona ceñiría su cabeza: la de Irán (Persia entonces), gracias a su matrimonio con el príncipe Mohammad Reza Pahlavi. Solo se vieron una vez antes del día de su boda, y lo que pasó después (un drama) no te sorprenderá.

El plan del Rey de Egipto era realzar el califato islámico con él mismo a la cabeza gracias a esta unión de imperios. Sin embargo, una serie de catastróficas desdichas echó la garete todo lo orquestado. Una pista: la princesaFawzia no era feliz. Y era demasiado rebelde como para sacrificase por los sueños de grandeza de su hermano.

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La princesa Fawzia no era ninguna advenediza ni estaba acostumbrada a ser utilizada como un objeto. De hecho, su infancia fue tan opulenta que hasta nos cuesta, hoy, imaginarla. Fawzia nació el 5 de noviembre de 1921 del matrimonio del rey Fuad I y su segunda esposa, Nazli Sabri. Esta tenía un carácter tan rebelde, que el Rey la tenía confinada y solo le permitía salir para ir a la ópera.

Fawzia fue enviada a un internado en Suiza para comenzar su exquisita educación, y hasta en aquella institución tan elitista sorprendió que la niña tuviera tan poca desenvoltura para la vida práctica: estaba acostumbrada a ser servida y asistida para todo. Aprendió francés e inglés y llegó a licenciarse en la Universidad de París 8 y a trabajar como diplomática con la delegación del Principado de Mónaco.

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Cuando la princesa Fawzia volvió a su país, desapareció su libertad de movimientos. Aún podía disfrutar de los increíbles lujos de la corte egipcia, pero su familia esperaba que se incorporara al estilo de vida tradicional que debían llevar las mujeres de la familia real. De hecho, en cuanto cumplió 18 años sus padres comenzaron a tramar su matrimonio.

No había que ser adivina para suponer que la alianza entre Egipto e Irán no iba a encajar con la personalidad de la sofisticada princesa Fawzia, sobre todo porque la familia real iraní, recién llegada al trono persa, no estaba acostumbrada a la opulencia egipcia. En la primera visita del príncipe Mohamed Reza Pahlavi a su familia política, el contraste entre los trajes de diseño del joven rey Farouk contrastaban con el sobrio y sencillo uniforme militar del príncipe iraní.

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El príncipe persa estaba entusiasmado con su futura novia: era la princesa árabe más bella de la época, con una belleza hollywoodiense comparable a la de Hedy Lamarr o Vivian Leight. Cecil Beaton, el retratista de las estrellas de la época, tuvo a la princesa Fawzia frente a su objetivo y la bautizó ‘la Venus asiática¡, con “una cara con forma de corazón perfecta, piel de alabastro y penetrantes ojos azules”.La prensa de la época la llamaba “la princesa más bella del mundo”.

El 15 de marzo de 1935 se celebró la boda en el palacio de Abdeen en Cairo. Ella tenía 18 años y él, 20. Poder y belleza unidos en un matrimonio políticamente perfecto, pero sin rastro de romanticismo ni química. Ni siquiera podían entenderse de una manera total en la misma lengua: ninguno de los dos pasaba de chapurrear el idioma del otro. En Egipto se familiarizaron el uno con el otro gracias al francés, pero una vez en Irán no pudieron seguir haciéndolo. La princesa Fawzia optó por el aislamiento.

El encuentro con la familia iraní tampoco deparó buenas noticias. Fawzia no se entendía con las princesas ni soportaba los modales violentos del sha Reza Khan, quien solía llevar la fusta de montar en la mano para atizar a voluntad. De hecho, no crió a su hijo con cariño porque pensaba que eso podía convertirle en homosexual. A resultas, el príncipe Mohamez Reza era emocionalmente un desastre y bruto como su padre. Además, al poco de casarse descubrió que tenía una vida extramatrimonial más que concurrida y, por descontado, pública.

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No hubo más hijos después de la princesa Shahnaz, nacida un año después de la boda. De hecho, los disgustos llevaron a la aún princesa Fawzia a recluirse en palacio y dejar de acudir a actos oficiales. Fue coronada emperatriz en 1942 y apareció en la portada de la revista ‘Life’, pero su vida era un desastre. En 1944, un médico confirmó su depresión. Alarmada, su familia en Egipto envió a su embajador en Teherán a palacio y se encontró con una Fawzia esquelética. Había dejado de comer.

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En 1945, Fawzia logra escapar a Egipto y comenzar a tramitar su divorcio, no sin antes acusar a su marido Sha de impotencia (al menos, eso dicen documentos clasificados de la época). El Sha le hizo pagar un precio muy alto por su libertad: tuvo que ceder la custodia de su hija, la princesa Shahnaz. Tenía 5 años. Por suerte, en 1949 pudo volver a casarse con el coronel Ismail Chirine, una importante personalidad de la alta sociedad cairota con el que tuvo dos hijos, un niño y una niña.

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Procuró viajar a Suiza para visitar a su hija, enrolada en un internado y por fin fuera de la influencia de la corte iraní. Desafortunadamente, en 1952 interrumpió su felicidad. La revolución derrocó al rey Farouk y, aunque toda la familia real huyó a Italia, ella se empeño en quedarse como la señora Chirine, una ciudadana egipcia más. En julio de 2013, la noche en que un golpe militar derrocó al presidente Mohamed Morsi, la princesa Fawzia fallecía, a los 92 años.

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