Las tres claves para entender qué significa que Tamara Falcó vaya a ser marquesa de Griñón

Una de las grandes sorpresas cuando se procedió a la lectura del testamento de Carlos Falcó, fue que se le concediera el título por el que se le conocía de cara a la opinión pública, el de marqués de Griñón, a su hija Tamara. Todo apuntaba que sería su primogénito, Manolo, a quien le correspondiera ese honor. Pero no. Hubo sorpresa y hace poco más de un mes, ella misma inició los trámites para cumplir con los deseos de su padre.

Sin embargo, las cosas se han torcido. Al menos, se han retrasado. Porque si bien el BOE publicaba el pasado 13 de octubre que esta había solicitado el título tras haber ingresado los algo más de 600 euros de las tasas, a día de hoy sigue sin producirse ese nombramiento en la misma vía. “La sucesión en el título de Marqués de Griñón ha sido solicitada por doña Tamara Isabel Falcó Preysler, por distribución y posterior fallecimiento de su padre, don Carlos Falcó y Fernández de Córdova, lo que se anuncia por el plazo de treinta días, contados a partir de la publicación de este edicto, a los efectos de los artículos 6 y 13 del Real Decreto de 27 de mayo de 1912, en su redacción dada por el Real Decreto 222/1988, de 11 de marzo, para que puedan solicitar lo conveniente los que se consideren con derecho al referido título”, se leía ese 5 de noviembre.

La pasada semana, tras la ola de titulares advirtiendo que Tamara ya era marquesa y el chascarrillo de rigor de Pablo Motos en el plató de ‘El Hormiguero’, esta indicaba, sin ahondar en los detalles, que debía esperar un poco más. Hasta el 25 de noviembre, que era la fecha que ella misma daba. Y mientras esperamos junto a ella, vamos a analizar qué significa para ella este honor que le ha concedido el difunto marqués de Griñón.

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Predilección

Lo primero que indica que su padre incluyera su nombre en el testamento para dejarle el título más significativo para él, es la unión tan estrecha que había entre ellos. Es cierto que Carlos ha tratado de realizar un reparto lo más justo posible de todo lo que amasó en vida, pero es indicativo de la predilección que siempre tuvo por ella que le haya dejado este título que se especuló, desde el primer momento, que recaería sobre su primogénito, Manolo.

Las apuestas fallaron, pero a este le dejó un título con Grandeza de España, algo que no lleva asociado el de Tamara (como bien le indicó a Motos la pasada semana, cuando no quiso entrar en detalles, como decimos, de qué ha pasado para que el trámite se haya demorado). Manolo será marqués de Castel-Moncayo, siempre y cuando siga los pasos de su hermana y lo solicite en la forma estipulada por ley (y pague una cantidad mayor que la desembolsada por su hermana, pues al llevar asociado la ‘coletilla’ de Grande de España, las tasas aumentan hasta los 2.213,04 euros).

Otra de sus hijas, Xandra, ya tenía un título en su haber, pero le fue legado por su abuela en vida: esta, que recordemos que hace unas semanas sufría otro duro golpe como fue la muerte repentina de su marido, es marquesa de Mirabel. Y con esto, estarían repartidos los títulos en haber del clan. A buen recaudo en tres de los hijos de Carlos que siempre han sabido cuidar la imagen de la familia.

Se ha llegado a hablar de que esta decisión podría generado recelo en el resto de hijos de Carlos Falcó, algo que no puede estar más alejado de la realidad. Los hermanos, a pesar de ser de diferentes madres, tienen una relación extraordinaria. Y, por otra parte, dejó todo más que atado y repartido para que no hubiera problemas entre ellos. Así que, por esa parte, Tamara no tendrá obstáculos.

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¿De dónde viene este marquesado?

Para saber de dónde viene este marquesado hay que remontarse a 1862. Fue la Reina Isabel II quien lo creó para otorgarlo en favor de María Cristina Fernández de Córdoba y Álvarez de las Asturias-Bohórques, condesa consorte de Villariezo. Ella fue la primera, y estuvo en su poder hasta 1917

Ella fue, hasta ahora, que recaerá en Tamara, la única mujer que gozó de este privilegio. Los otros titulares del mismo, hasta la fecha, antes de Carlos, fueron todos hombres: Joaquín Fernando Fernández de Córdoba y Osma (1917-1920), Gonzalo Joaquín Fernández de Córdoba y Mariátegui (1920-1934) y Joaquín Fernando Fernández de Córdoba y Osma (1951-1955). Desde esa fecha, y hasta su muerte el pasado marzo, el marquesado fue titularidad de Carlos.

Tamara tiene pues el valor simbólico de dotar de nombre femenino a un título que no tiene más privilegios allá que los meramente protocolarios. En los tiempos que corren, no es más que algo de índole honorífica, tal y como establece la Ley de 2006 sobre igualdad del hombre y la mujer en el orden de sucesión de los títulos nobiliarios. Así que su compromiso no irá más allá del que ella misma se imponga, como veremos a continuación.

Compromiso

Pero ella misma ya ha advertido que, más allá del honor que supone ser marquesa y, sobre todo, que su padre pensara en ella para que lo fuera, es consciente de que tiene que seguir ciertos pasos que dio su padre, porque lo siente como una responsabilidad. Por eso, no ha perdido el tiempo y ya ha empezado a moverse, porque tiene claro con quién quiere colaborar para dar valor a su marquesado.

Es la web Vanitatis la que recogía hace unos días que sus deseos pasan por implicarse con la fundación Scholas, de la que fue nombrada embajadora a finales de octubre, casi a la vez que comenzó los trámites administrativos para que su petición constara en el BOE. Esta organización se dedica a trabajar junto a jóvenes de todo el mundo para que tengan una educación que genere sentido.

Esta está avalada por el Papa Francisco, lo que conecta con esa parte espiritual que la hija de Isabel Preysler ha potenciado en los últimos años. Y, por lo tanto, una misión que hará con sumo gusto y con conocimiento de causa, sabiendo el sentido de que se dotará a una colaboración que, en cuanto sea oficial su título nobiliario, ganará en caché.

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