Síndrome del impostor: qué es y porqué afecta más a las mujeres

Estar escribiendo un libro, sentirte bloqueada, pensar que tu entorno ha creado unas expectativas de tu trabajo que tú misma no puedes alcanzar y envolverte en un malestar emocional que te hace sentirte un fraude. Esta es la historia de ‘Valeria’, una de las series españolas que más éxito está teniendo en el momento y que se ha posicionado entre las favoritas de Netflix. Su protagonista homónima sufre el síndrome del impostor y, aunque todavía no le habías puesto nombre, probablemente lo hayas padecido en alguna ocasión de tu vida, porque, al igual que Valeria, la cifra de personas que lo han sufrido alcanza ya al 70% de los trabajadores.

Entre los nombres públicos que han reconocido haberlo sufrido se encuentra una gran lista de personalidades reconocidas: desde Michelle Obama hasta Neil Armstrong. Pero, ¿qué es exactamente el síndrome del impostor y por qué se produce? Este fenómeno psicológico obtuvo su nombre en 1978, tras ser descrito en el estudio ‘The impostor phonomenon‘, publicado en el International Journal of Behavorial Science. Según este análisis, padecerlo consiste en interpretar la realidad bajo un prisma de inseguridad que provoca síntomas de incompetencia laboral.

Su origen puede manifestarse en diferentes momentos: desde en el comienzo de la creación de un nuevo proyecto, pasando por un cambio de puesto de trabajo, continuando en el mismo o asumiendo un cargo de alta responsabilidad. En cualquiera de estas circunstancias puede aparecer un temor que hace sentir a las personas, no solo menos competentes frente a estas situaciones, sino también en una posición de desventaja imaginaria que les lleva a pensar que son, como el mismo nombre del síndrome indica, impostores o fakes que trabajan en un cargo no merecido o para el que no están preparados.

Sobre el mismo, la profesora de Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Eva Rimbau, comenta: “Las personas sabemos dónde están nuestras carencias, pero no vemos las de los demás. Siempre nos parece que el resto está mejor preparado que nosotros” y achaca esta falta de confianza a la educación imperante: “El problema es que no se habla de los tropezones y los fracasos como de algo que te ayuda a avanzar. Lo norma es no conseguir las cosas a la primera, entonces ¿por qué no aceptarlo como parte natural del proceso?”.

Además, este malestar psicológico del síndrome del impostor se presenta mayoritariamente en las mujeres. Un informe encargado por el Access Commercial Finance en Reino Unido confirmó que lo hombres son menos propensos a padecerlo hasta alcanzar un 18% menos de posibilidades que las mujeres.

¿Cuál es la principal que consigue afectar mayoritariamente a la mujer? Las críticas y los juicios por parte de terceros alteran la mente de las mismas consiguiendo quebrantar parte de su seguridad y llevándolas a tener, incluso, que pedir ayuda a quiénes les hacían dudar de sus capacidades. En este grupo, se ven notablemente afectadas las mujeres en entornos académicos, que son incluso más propensas a sufrirlo y a mostrar niveles por encima de la media.

Entre las razones del origen de este síndrome destaca el alto nivel de autoexigencia de las personas, como afirma Marta Calderero, profesora de Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación, también de la UOC: “Las personas perfeccionistas, autocríticas, con miedo al fracaso y que se autopresionan mucho para alcanzar los logros también tienen mayor riesgo de padecer este síndrome”.

Pero además, el síndrome no solo afecta a la visión negativa del trabajo sino que también altera los factores positivos y los logros conseguidos que los afectados ven como golpes de “buena suerte o trabajo duro” en lugar de atribuirlos a sus propias habilidades y conocimientos. El cómputo de todo ello da origen al bloqueo profesional y establece barreras laborales a quiénes lo sufren llegando incluso a conseguir que, como demostró un estudio realizado en 2016 por la Universidad de Salzburgo de Austria, tengan sueldos más bajos, menos ayudas con los compañeros y mayor incapacidad para encontrar o buscar nuevos empleos.

Las personas que sufren el síndrome del impostor y leen o escuchan hablar sobre ello a menudo son capaces de reconocer su malestar e identificarlo, por lo que detectarlo resulta fácil para alcanzar el siguiente paso de superarlo. En este proceso hay numerosas claves que ayudan dejarlo atrás y conseguir una mayor estabilidad emocional.

Es fundamental rodearse de seres queridos que recuerden a menudo la valía de las personas y los éxitos alcanzados por méritos propios. También elaborar listas de aspectos negativos y examinarlos minuciosamente conseguirá dar a conocer si realmente el trabajo se está haciendo mal o es una opinión subjetiva irreal.

También será fundamental compartir la experiencia y conocer cómo otras personas pasan por la misma situación o se sienten de manera parecida. Ayudar a otras personas con menos formación reforzará la autoestima consiguiendo alzar los éxitos que se han alcanzado y demostrando al resto las experiencias que se pueden aportar.

Por último, tras seguir todos estos pasos se conseguirá apreciar lo bueno y valorar el aprendizaje obtenido de los fracasos convirtiéndolos así en un punto fuerte a destacar, en lugar de en una debilidad.

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